Conducir seguro con el cambio de hora
- La escasa luminosidad unida a los fenómenos meteorológicos propios de esta época del año exigen un extra de precaución.
23 octubre 2026
Ganamos una hora de sueño, pero perdemos horas de luz en la carretera, especialmente a primera hora de la mañana y en el atardecer, dos momentos que, paradójicamente, muchos españoles viven a diario mientras conducen hacia o desde su lugar de trabajo.
La escasa luminosidad natural unida a los fenómenos meteorológicos propios de esta época del año exigen un extra de precaución en la carretera, porque aunque la ausencia de luz solar no nos convierte automáticamente en malos conductores, sí que tiene un efecto directo en nuestra capacidad para reconocer un peligro inesperado en la carretera (un animal que invade la calzada, un peatón que se cruza…) y, en consecuencia, aumenta los tiempos de reacción.
Valga como ejemplo de esta problemática las cifras que maneja la autoridad de tráfico estadounidense (la NHTSA), que lleva años confirmando que la gran mayoría de atropellos mortales a peatones se concentran en esas horas y durante estos meses del año, es decir, en el horario de invierno.
Para ahorrarnos un susto en estas fechas no está de más recordar algunas medidas de seguridad que pueden hacer que el cambio de horario no altere nuestra buena racha al volante. La clave, por supuesto, está en incrementar la precaución y aumentar la visibilidad.
1. Revisar los faros. Empecemos por la base: comprobar que somos visibles y capaces de iluminar nuestra ruta. Es necesario realizar inspecciones periódicas del estado de las luces de nuestro vehículo, lo que no sólo afecta a los luces en sí, sino también al estado del cristal de los faros que tienen que estar limpios, pulidos y bien calibrados. Al circular, si nuestro vehículo no posee un sistema de luz diurna, es útil mantener las luces encendidas también durante el día.
2. Limpiar a fondo. El parabrisas y el limpiaparabrisas también son importantes. Si nuestro vehículo dispone de sistemas ADAS, hay que prestar especial atención a que los sensores que se encuentran en el propio parabrisas, los espejos y el frontal del vehículo estén bien calibrados y limpios. Tampoco podemos olvidarnos de limpiar los cristales por dentro. Una capa de neblina en el interior del parabrisas, formada por la liberación de gases de los plásticos, las manos y el aliento, dispersa la luz durante la circulación en lugar de dejarla pasar limpiamente, convirtiendo un solo faro en un halo que cubre todo nuestro campo de visión. El mismo efecto que podemos sufrir si llevamos nuestras gafas graduadas sucias.
3. Atención a los vulnerables. En invierno, a las 2:00 de la mañana y a las 5:45 de la tarde la misma calle puede estar igual oscura, pero hay algo que seguro que cambia: de madrugada es muy posible que vaya vacía y a la salida del trabajo nos la encontraremos llena de gente, ciclistas, repartidores, peatones paseando a sus perros, niños que vuelven a casa después de sus actividades extraescolares… Es importante desplazarse con un extra de atención a estos usuarios vulnerables, moderar la velocidad y anticiparse a dónde es probable que irrumpan en la vía, en lugar de simplemente confiar en nuestros reflejos al volante. Por ejemplo, las paradas de autobús, los pasos de peatones sin semáforo o las manzanas llenas de coches aparcados, son zonas de riesgo para los peatones cuando anochece.
4. Controlar los brillos. El brillo de la consola de mandos del vehículo también es importante, hay que adaptar su luminosidad a la época del año. Si el panel de instrumentos y las pantallas de infoentretenimiento se mantienen con el brillo diurno, se crea una segunda fuente de luz en el habitáculo demasiado brillante que impide que la vista se adapte correctamente a la nueva oscuridad. Si es posible, hay que atenuar su luminosidad hasta un nivel que permita leer el velocímetro.





