Por su seguridad, vigilancia aérea
- El personal civil altamente especializado, una de sus claves
25 marzo 2026
Con 65 años de historia y acercándose a las 240.000 horas de vuelo, la Unidad de Medios Aéreos (UMA) de la DGT sigue sobrevolando las carreteras españolas diariamente con el objetivo de garantizar la seguridad vial. Esta revista ha sido testigo directo de uno de esos vuelos de vigilancia y regulación. Así lo hemos vivido.
Tras muchos días de lluvia en Madrid, el día fijado para volar hace viento. Sin embargo, el plan de vuelo de la patrulla aérea de Madrid no se cancela: “El viento limita, pero no imposibilita”, explica Alejandro Suárez, jefe de la Unidad de Medios Aéreos y responsable hoy de este vuelo de vigilancia y regulación.
Antes de subirnos al helicóptero, realizamos un recorrido por la sede de la UMA en Madrid, donde se nos muestra por qué el servicio de vigilancia aérea del tráfico es algo más que helicópteros: existe todo un entramado de personal, medios y procedimientos que hace posible que los vigilantes aéreos puedan desarrollar con seguridad su tarea principal para la gestión y control del tráfico, sobre la base de dos principios: presencia y disuasión.
La Unidad. Visitar departamentos como el Centro de Control de Operaciones (OCC), donde se despachan los vuelos y se controlan los trayectos de las aeronaves; el departamento de gestión de vídeo, donde se cursan las imágenes que han registrado infracciones y aquellas importantes para la labor de concienciación sobre la seguridad vial se editan, archivan o envían; el hangar; la sección de mantenimiento; la sala de pilotos; el simulador de vuelo, e incluso el área de ingeniería aeronáutica, permite comprobar que todos ellos están integrados en una unidad que busca garantizar la seguridad en cada uno de los trabajos que se desarrollan en tierra, en los vuelos e incluso en el envío y la gestión de imágenes necesarias para un control efectivo.
Para ello, cuentan con normas de funcionamiento, protocolos de actuación y gestión que se replican en cada una de las siete patrullas que conforman la UMA y que siguen los más de 50 funcionarios y personal laboral, los 60 miembros de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil (ATGC) y otros más de 50 trabajadores externos necesarios para cumplir con las misiones de vigilancia desde el aire.
Todo esto consolida un cuerpo civil con alta capacitación y especialización en el tráfico que llama la atención en el resto de países de nuestro entorno, en especial en Francia, que si bien en ocasiones utiliza las aeronaves de la Gendarmería en operativos relacionados con la circulación, no dispone de una unidad similar para cumplir con mandatos como los que tiene la UMA: “Disminuir el número de víctimas mortales y accidentes en la carretera, mejorar la movilidad, colaborar con un entorno sostenible, proteger a los usuarios vulnerables y concienciar a los conductores en actitudes de seguridad vial positiva”, explica Suárez.

'Abeja' o 'Pegasus'. Salimos de Cuatro Vientos en Madrid y nuestro plan de vuelo incluye la M-40, la A-4, la A-1, la A-42 o la R-4, porque es un bulo que los helicópteros de la UMA no vigilan las autopistas de peaje. Es la segunda vez que despega la 'Abeja 11' esta mañana, tras realizar la misión diaria a primera hora. El nombre de ‘Abeja’ está relacionado con los colores de la aeronave, con esas rayas amarillas tan características, y es el distintivo de radio que corresponde a los helicópteros de la UMA: “Igual que ‘Cuco’ se utiliza para los de la Guardia Civil o ‘Ángel’ para los de la Policía”, explica Alejandro Suárez.
Sin embargo, entre los ciudadanos son más conocidos como 'Pegasus', en referencia al sistema de captación de imágenes y radar que está montado en los helicópteros. Poder grabar y emitir vídeos los convierte en un elemento más para el control de la fluidez y la seguridad de los desplazamientos por carretera.
El radar que incorporan cuenta con dos cámaras, una para la imagen, más general, y otra para el detalle. Con estas herramientas, y la actuación constante de José Manuel Gamo, Operador de Vigilancia Aérea (OVA) de este vuelo, se envían imágenes de forma continua al Centro de Gestión de Tráfico para que puedan comprobar, por ejemplo, que la densidad del tráfico en uno de los tramos de la M-40 se debe a la presencia de obras en la calzada “perfectamente señalizadas”, apunta el jefe de la Unidad.
A unos 1.000 pies de altura, algo más de 300 metros, las 'Abejas' de la UMA vuelan siempre con un piloto y un operador de cámara, y este es “siempre funcionario de la DGT o de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil”, explica Juan Manuel Gamo. La coordinación entre ambos miembros de la tripulación es fundamental para cumplir con su labor, “porque el objetivo es que los ciudadanos lleguen antes a sus destinos y que lleguen sanos”, asegura Suárez.

Sobre el terreno. Para ello es necesario que tanto piloto como operador estén muy atentos a cualquier conducta en la carretera que se salga de lo normal. “Nosotros detectamos comportamientos que resultan llamativos, normalmente porque llevan una velocidad demasiado lenta o excesivamente rápida. El cinemómetro realiza tres mediciones y luego nos da la media de la velocidad. Si van muy lentos normalmente es porque están desarrollando otra actividad dentro del habitáculo. Entonces se enfoca y podemos ver qué está haciendo el conductor y si lleva las manos adecuadamente sobre el volante, por ejemplo”, comenta Gamo. Sin embargo, “la prueba de que el objetivo no es ‘pillar’ a los conductores es que los paneles informan de nuestra presencia, y ya con el simple hecho de conocerlo, se reducen las infracciones”, apunta Suárez.
De hecho, la concienciación es uno de los fines de la grabación continua de imágenes: “Nos preocupamos de captar tanto conductas positivas, que ayudan a saber cómo hacer bien las cosas, como las negativas, para alertar de los peligros que podrían tener los usuarios de la vía. Todo sirve luego para concienciar”, cuenta Suárez, y añade: “Si es una conducta muy muy peligrosa, un delito contra el tráfico, conectamos con una pareja de la Guardia Civil en tierra y seguimos al vehículo hasta que lo detienen, porque queremos apartarlo de la carretera. Son casos como circular a más de 80 kilómetros por hora por encima del límite de la vía, conducción temeraria, vehículos en dirección contraria, vehículos que zigzaguean, posiblemente por consumo de alguna sustancia psicotrópica... Son personas que ponen en peligro su propia vida y la de los demás. Y eso sí que lo perseguimos”.

Casi 240.000 horas de vuelo. El balance de la misión en la que hemos acompañado a Suárez y Gamo es satisfactorio: se han transmitido imágenes al centro de gestión de tráfico, controlado varias vías de circulación y detectado siete conductas de riesgo que podrían ser sancionadas por el Centro Estrada. Pero lo más importante “es que, al advertir nuestra presencia, esos conductores han levantado el pie del acelerador”, insiste Alejandro Suárez.
En la actualidad, la UMA da cobertura a toda la red viaria en la que tiene competencia la DGT con siete patrullas que tienen base en Santiago (A Coruña), Valladolid, Sevilla, Málaga, Madrid, Valencia y Zaragoza, y también se da apoyo para la vigilancia de las carreteras de las Islas Baleares y Canarias en momentos puntuales: “Es la facilidad que tenemos. Al final un helicóptero en 15 minutos está en cualquier lado, y con las siete patrullas se puede tener cubierto todo el territorio”, señala su responsable.
Las patrullas vuelan todos los días mañana y tarde, y la idea es llegar a realizar hasta 5.544 horas de vuelo anuales entre todas las bases. “Antes se volaba incluso de noche, cuando no había tantas cámaras en la carretera, y, por ejemplo, había que controlar el tráfico a primera hora de la mañana”, cuenta Juan Carlos Prados, el OVA más veterano de la UMA en Madrid.
Hoy, 100.000 vuelos después, la UMA es un servicio consolidado, integrado en el control diario y en todas las operaciones especiales en las que se exige conocer en directo la movilidad por carretera, y está incluido en los planes de emergencia como los de prevención de incendios forestales. También en emergencias climáticas graves (terremoto de Lorca, la pandemia, nevadas como Filomena o la DANA de Valencia de 2024, etc.): “La idea es poder transmitir al centro de gestión imágenes del estado de los vehículos y de las vías para que se tomen las medidas oportunas, se desvíe el tráfico, se abran vías paralelas o se envíen servicios de conservación de carreteras a las zonas dañadas”, explica Alejandro Suárez. Además, las distintas patrullas son elemento esencial también en operativos especiales por eventos deportivos, festivales, concentraciones moteras, etc.
Porque los helicópteros en la vigilancia del tráfico permiten observar más lejos -vehículos que se encuentren hasta a 1 km de distancia-, y detectar comportamientos de riesgo que no se pueden ver desde tierra y, fundamentalmente, aumentar la seguridad de todos los usuarios de la vía, en especial de los vulnerables. “Ellos (los conductores) piensan que vamos a ponerles multas, pero lo que buscamos son menos accidentes”, sentencia el jefe de la Unidad.

Creada en 1961, la UMA es la unidad de vuelo más antigua del Ministerio del Interior, y ha ido evolucionando de la mano de la tecnología y la normativa, para acompañar a la sociedad en la transformación de la movilidad.
Desde los años en los que colaboraban en la evacuación de heridos con los servicios de emergencias -hoy competencia de las distintas comunidades autónomas- a la actualidad, los helicópteros han estado presentes, modernizándose con los avances, sobre todo en digitalización. Esto lo confirman veteranos como Juan Manuel Burgos, jefe de Mantenimiento, que lleva 39 años trabajando en todo lo que afecta a la mecánica de las 'Abejas': “Las aeronaves han cambiado totalmente, antes era todo analógico e incluso se usaban motores de pistón, ahora tenemos muchos sistemas digitales”. Una evolución similar la han sufrido los operadores de cámara, cuenta el OVA (Operador de Vigilancia Aérea) Juan Carlos Prados: “Los mandos para las cámaras se han ido reduciendo desde una consola gigante a un 'joystick' que se maneja con una mano, mientras se va jugando con los filtros para mejorar las capturas”.
Para los ingenieros los principales cambios llegaron de “las modificaciones normativas, sobre todo desde la creación de la EASA (European Union Aviation Safety Agency) en 2002 y la AESA (Agencia Estatal de Seguridad Aérea) en 2008. Desde entonces se ha producido la transición hacia una operativa común española y europea”.

Del más veterano, a la última incorporación. De izda. a dcha.: Juan Manuel Burgos (jefe de Mantenimiento), Juan Manuel Gamo (operador de vigilancia aérea), Alejandro Suárez (jefe de la UMA) y Jesús Fernández (jefe de la patrulla de Madrid).

En la sede de Madrid también se encuentra la central de la escuela en la que se forma a los pilotos para que puedan realizar sus entrenamientos periódicos y revalidar sus habilitaciones para manejar las aeronaves concretas con las que vuela la UMA.

Mención especial dentro de la Unidad de Medios Aéreos merece la utilización de drones, alternativos a los helicópteros, pero con sus propias limitaciones, ya que sólo pueden cubrir una zona concreta y no seguir el trazado de la vía, además: “Es necesario ver la compatibilidad con un espacio aéreo que está ya muy limitado, en concreto en los puntos señalados como conflictivos a los que se desplaza el operativo”, explica Suárez.
Los drones tienen aproximadamente una media hora de autonomía de vuelo, luego deben bajar y se sustituyen las baterías para completar unas dos horas de misión. Frente a ellos, los helicópteros pueden volar hasta 3 horas de forma continuada.
Los Operadores de Vigilancia Aérea, OVA, son también pilotos de drones, y la gestión de los operativos tiene tres modalidades: “Bien dos miembros de la Agrupación de Tráfico, bien dos de la DGT, o bien un equipo mixto de una persona de la DGT y una de la Agrupación de Tráfico”, cuenta José Manuel Gamo.
En la actualidad la UMA dispone de dos tipos de drones. Unos se dedican exclusivamente a la regulación -control e información- del tráfico y su objetivo es transmitir imágenes. La cámara que portan no dispone de la certificación del Centro Español de Metrología, y por eso no pueden ser utilizados para sancionar. Por su parte, son los drones dedicados a la vigilancia los que llevan cámara certificada y los que se usan para sancionar. A ellos se añadirán en un futuro no lejano unos con cinemómetro (radar), para que puedan captar la velocidad.
Sin embargo, aquí no acaban sus funcionalidades: “También utilizamos los drones para la investigación del tráfico, de accidentes en la vía”, explica Suárez. Y también son fundamentales en las charlas de educación vial en los centros educativos que solicitan la colaboración de la UMA para participar con presentaciones y exhibición de drones.
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