Caminar, el motor de la nueva ciudad
- Hay que repensar el espacio urbano para humanizar el entorno y que sea seguro.
20 abril 2026
Caminar no sólo es una forma de desplazarse, también es una manera de definir el modelo de ciudad y de sociedad que queremos construir, porque una comunidad que cuida a quienes andan por sus calles, está velando, en realidad, por todos sus ciudadanos. Lograr una seguridad peatonal efectiva pasa por abandonar el “cochecentrismo” que ha guiado durante décadas el diseño de nuestras calles y poner en marcha una serie de cambios profundos.
En primer lugar, es necesario recopilar y analizar datos fiables y objetivos que permitan saber qué está pasando con los peatones y su movilidad en este momento, a qué retos se enfrentan, dónde tienen lugar las situaciones que les ponen en peligro y por qué se producen. También hay que repensar los entornos urbanos para humanizarlos y convertirlos en espacios seguros y disfrutables para todos sus usuarios. Por último, resulta imprescindible ser responsables, porque los viandantes tienen derechos, pero también la necesidad de evitar las conductas que les hacen correr riesgos.
En definitiva, un esfuerzo con gran variedad de facetas destinado a “proteger al peatón, que es proteger lo más básico, lo cotidiano y nuestro futuro”, como resumió el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en la reciente jornada de DGT sobre ‘Peatones y seguridad vial’.
Movilidad universal. Todos somos peatones en algún momento del día y lo deseable es que lo seamos aún más, que se reduzca el tráfico innecesario en las calles y se produzca un trasvase del coche particular al transporte público y a formas de movilidad más activas, como caminar o ir en bicicleta. El último informe del Observatorio de la Movilidad Metropolitana apunta en esa dirección al constatar que tanto en las grandes ciudades (con un 42,12 %) como en las poblaciones pequeñas (con un 44,7 %) la mayoría de los desplazamientos ya se realizan a pie.
Desafortunadamente caminar es más sano para las personas y su entorno, pero también puede convertirse en una actividad de riesgo. Sólo el pasado año en vías urbanas 207 peatones sufrieron un atropello mortal, según el informe ‘Las principales cifras de la siniestralidad vial en España 2024’, del Observatorio Nacional de Seguridad Vial (ONSV) de la DGT. Es más, el ‘Estudio sobre el comportamiento de los peatones en pasos de cebra señalizados’, realizado por IO Investigación para la DGT, afirma que 1 de cada 3 peatones en España ha sufrido un susto o un accidente al cruzar un paso de cebra. Y lo que resulta aún más preocupante: el 68 % de los peatones víctimas y el 57 % de los que fallecieron no estaban cometiendo ninguna infracción en el momento del atropello, según confirman los datos del ONSV.

Calles a 30 (o menos). Desde el punto de vista de la seguridad peatonal España dio un paso adelante cuando en 2021 se modificó el Reglamento General de Circulación reduciendo el límite de velocidad en vías urbanas de un solo carril por sentido a 30 km/h (y a 20 km/h en las que disponen de plataforma única). “Bajar la velocidad salva vidas –apunta Ana Montalbán, coordinadora técnica de Red de Ciudades que Caminan–. Un atropello a 50 km/h o más supone un 100 % de probabilidades de muerte para el peatón. A 30 km/h ese riesgo es del 5 %. Pero deberíamos ampliar este hito y llevarlo a todas las calles de la ciudad, sin importar su tipología, como ha hecho, por ejemplo, Bilbao”.
Desde la Coordinadora de Organizaciones Peatonales Andando, su copresidente, Félix Martínez, manifiesta que estas limitaciones de velocidad son un síntoma de que algo está cambiando, pero que es una medida que debe ser complementada con otras que afectan al diseño urbano. “Por ejemplo, si hacemos que las calles tengan unos carriles de sólo 2,5 m de ancho no hace falta ni que se pongan a 30 km/h, porque las propias condiciones del entorno hacen que los vehículos reduzcan la marcha. Hay que interpretar las calles de otra manera y hacer que los peatones tengan la exclusividad de uso de los espacios peatonales, especialmente de las aceras”, apunta.
El estudio de IO Investigación también ofrece pistas sobre deficiencias que los propios viandantes detectan en su día a día, como que el 49 % considera que la visibilidad de los pasos de peatones no es suficiente y otro 40 % que la seguridad de los mismos debería mejorar.

Nuevo diseño. Colocar a los peatones en el centro de la movilidad y protegerlos significa mucho más que mejorar pasos de cebra. Pasa por importar modelos de ciudad como el de Oslo, una de las urbes más “caminables” de Europa. Entre las virtudes de la capital noruega destaca que ha logrado que el tiempo promedio que una persona tiene que andar para acceder a los servicios básicos sea de apenas 9,5 minutos. De hecho, el 91,3 % de sus residentes se encuentran a menos de 15 minutos a pie de esos servicios, según datos del estudio ‘A universal framework for inclusive 15-minute cities’ (Marco universal para ciudades inclusivas de 15 minutos).
Las ciudades españolas podrían vivir una revolución peatonal similar, por ejemplo, aumentando la presencia de calles con una plataforma única (sin desnivel entre asfalto y acera), en las que se privilegie la movilidad de los peatones por encima de la del coche y en las que se combinen distintos usos del espacio público, desde el tránsito, al acceso a servicios y tiendas y al juego de los niños. Todo sea para recordarnos que caminar es un derecho que debe ser protegido y un motor de cambio saludable para nuestras ciudades, que todas las poblaciones, barrios y distritos pueden aspirar a tener centros de peatonalidad y que todos los peatones se merecen volver a casa tras dar un paseo.

• Las aceras con diferencia de cota con la calzada sólo pueden contemplarse para calles de más de 11 m de ancho. Esta es la anchura mínima para poder albergar dos aceras completas y accesibles, un carril de circulación y una banda de servicios para carga y descarga, arbolado y mobiliario. Lo ideal es contar con un banco en el que sentarse al menos cada 100 m.
• Se recomienda una anchura mínima por acera de 2,5 m complementada por una banda de servicios de 2 a 2,2 m de ancho. Intercalar árboles y/o servicios al menos cada 4 plazas de estacionamiento.
• Si no puede existir franja de servicios en ambas aceras, se recomienda ir alternando su posición, favoreciendo la rotura de la linealidad en la circulación motorizada.
• El pavimento debe ser cómodo y accesible, con señalización podotáctil normalizada. En la acera no debe haber obstáculos.
• Debe contar con iluminación, en especial en los pasos peatonales (que preferiblemente deben estar sobrelevados) y paradas de transporte público.
Fuente: Red de Ciudades que Caminan
• Peatón digital. Un 32 % de los peatones admite que utiliza el móvil siempre o de forma frecuente mientras caminan. Pero lo que resulta preocupante es que un 20 % asegura usar siempre o frecuentemente el móvil al cruzar por un paso de cebra y un 22 % reconoce hacerlo de esta forma a veces.
• Malos cruces. Un 38 % de los viandantes admite cruzar con el semáforo en rojo de forma frecuente u ocasional. El acto de cruzar fuera del paso de peatones está aún más normalizado: el 43,5 % de los viandantes lo hace. Las excusas para estas infracciones son variadas, pero las más usadas son considerar que no pasa nada por cruzar en rojo si no vienen coches (lo piensa el 39 % de los peatones) o normalizar cruzar si el semáforo tarda mucho en cambiar a verde y no hay coches a la vista (36 %).
Fuente: Estudio sobre el comportamiento de los peatones en pasos de cebra señalizados.OI Investigación para DGT.





