Peligro: exceso de confianza
- Los años al volante dan una falsa sensación de seguridad
15 octubre 2026
Con la práctica adquirimos habilidades y somos conductores más seguros, sabemos cómo reaccionar ante las situaciones cotidianas del tráfico, también conocemos mejor nuestro vehículo y somos capaces de realizar maniobras –incorporaciones, adelantamientos, aparcamientos, etc.– de forma automática.
Pero la experiencia tiene dos caras y puede jugar en nuestra contra. En determinadas circunstancias puede hacer que nos relajemos –en exceso– y que pensemos que estamos exentos de cumplir ciertas normas porque “no pasa nada”.
“La sensación de control y la confianza en las propias capacidades pueden hacer que bajemos la guardia y aumente el riesgo de accidente”, afirma Miguel Ángel Sánchez, coordinador especialista en Formación de Conductores de la Dirección General de Tráfico (DGT). “Muchos de los fallos habituales que cometemos los conductores no tienen que ver con el desconocimiento de las normas, sino porque decidimos, consciente o inconscientemente, que en ese momento no son necesarias”, explica Sánchez.
La confianza excesiva puede aparecer en situaciones aparentemente seguras; por ejemplo, en desplazamientos habituales donde conocemos de sobra el recorrido y podemos caer en el error de no adaptar la velocidad, relajar nuestros hábitos de conducción defensiva, distraer la atención, menoscabar nuestra capacidad de reacción o infravalorar el cansancio y la fatiga. También podemos acercarnos demasiado a peatones, ciclistas o vehículos detenidos sin prever un margen de seguridad.
“Pensamos que la práctica nos hace inmunes al error, pero es una falsa sensación de control que puede llevarnos a cometer errores. Conducir mejor consiste en mantener la atención y respetar las normas, incluso cuando pensamos que podemos controlar la situación”, apunta Sánchez.
La experiencia al volante puede llevarnos a bajar la guardia, caer en la relajación y cometer errores que nacen de la falsa sensación de seguridad que dan los años al volante. Estos son algunos de los más habituales.
1. No usar los intermitentes.
Cuántas veces pensamos “no es necesario señalizar, no viene nadie”. La realidad es que los indicadores no sólo sirven para los vehículos que vemos, sino también para aquellos usuarios que pueden aparecer de forma inesperada, como peatones, ciclistas o motoristas. Prescindir de usarlos porque creemos que la maniobra es evidente puede aumentar el riesgo.

2. Pasar en amarillo
Ante un semáforo en fase ámbar, podemos pensar que “da tiempo a pasar antes de que se ponga en rojo”. En realidad, apurar el paso reduce el margen de seguridad y puede provocar una colisión o un atropello si otros usuarios inician la marcha.

3. No detenerdse completamente en un stop
Convertir la detención obligatoria en una reducción de velocidad como si fuera un simple ceda el paso es una práctica habitual de muchos conductores cuando consideran que hay buena visibilidad y “no viene nadie”. Sin embargo, la señal de stop exige detenerse por completo para observar con atención. Con frecuencia se colocan en intersecciones con visibilidad limitada, donde puede aparecer un vehículo, una bicicleta o un peatón de forma repentina.

4. Acortar la distancia de seguridad
Algunos conductores de forma habitual reducen innecesariamente los márgenes de seguridad y se "pegan" demasiado, pensando que son capaces de reaccionar a tiempo y evitar la colisión cuando esto es físicamente imposible. Circular demasiado cerca de otro vehículo son riesgos que pueden provocar un alcance ante una situación imprevista, como una frenada brusca, un obstáculo o unas condiciones adversas en la carretera.

5. Velocidad inadecuada en trayectos habituales
Los recorridos conocidos pueden generar una falsa sensación de seguridad y llevarnos a relajar la atención, reducir las precauciones y circular a una velocidad inadecuada, olvidando que las circunstancias de la carretera cambian en cada momento a causa de obras, peatones, ciclistas, animales y malas condiciones meteorológicas. También en zonas urbanas es frecuente observar excesos de velocidad en calles estrechas o con poca visibilidad, en accesos a glorietas y otros puntos donde circulan peatones, ciclistas y otros usuarios de la vía.

6. Circular siempre por el carril izquierdo
En autopistas y autovías es habitual encontrar conductores que permanecen en el carril izquierdo incluso cuando el derecho está libre. Además de ser una infracción, esta conducta dificulta la fluidez del tráfico y puede provocar maniobras innecesarias.

7. No usar el cinturón en trayectos cortos
“Son sólo dos minutos, no hace falta abrocharse el cinturón” es un pensamiento que alguna vez nos ha podido pasar por la cabeza para prescindir del principal sistema de retención dentro del habitáculo. La realidad es que no importa lo largo que sea un trayecto: hay que utilizar el cinturón de seguridad siempre antes de comenzar a circular y cerciorarse de que los acompañantes, especialmente los menores, están correctamente sujetos.

8. Conducir distraído
Dentro del habitáculo, la tecnología puede ser una fuente constante de distracción, ya se trate de trayectos largos como de desplazamientos cortos y cotidianos. Cada vez que apartamos la vista de la carretera, aunque sea brevemente, recorremos decenas de metros sin controlar el entorno. Igual ocurre cuando manipulamos el teléfono, la radio, el climatizador o la pantalla multimedia del vehículo, aunque creamos que podemos hacerlo sin dejar de prestar atención. Además, no olvidemos que estas conductas pueden ser motivo de sanción.

9. Conducir con una sola mano
Es habitual entre quienes llevan muchos años conduciendo no llevar las dos manos en el volante. Sin embargo, es una mala costumbre porque reduce la capacidad de reacción y de control del vehículo, así como la precisión y la rapidez en la ejecución de maniobras. Ocurre lo mismo cuando se adoptan posturas incorrectas al volante: el respaldo demasiado reclinado, el asiento mal regulado, el brazo apoyado en la ventanilla o la mano sobre la palanca de cambio.

10. "Olvidar" los retrovisores
Con el tiempo, los conductores podemos adoptar costumbres peligrosas, como no comprobar con la frecuencia necesaria los retrovisores para controlar lo que ocurre detrás y a los lados del vehículo. Esta falta de atención puede hacer que pasemos por alto la presencia de otros usuarios, especialmente peatones, ciclistas y motociclistas.






