Vulnerables, nuevos contenidos para enseñar
- Tanto las personas de más edad como las de menos forman parte de los colectivos considerados vulnerables de la vía.
14 octubre 2026
Unos ciudadanos informados sobre sus derechos a la hora de moverse, formados en la autoprotección y, al mismo tiempo, conscientes del espacio que comparten en su movilidad cotidiana son el primer paso para reducir al máximo los riesgos a la hora de desplazarse. Por eso en este nuevo inicio de curso, las enseñanzas sobre seguridad vial han empezado a incluir una gran cantidad de novedades, entre ellas las modificaciones del Reglamento General de Circulación que afectan a los usuarios más vulnerables de la vía.
Estas iniciativas buscan mejorar las medidas de autoprotección de estos colectivos, al tiempo que les reconocen sus derechos dentro de los espacios de movilidad comunes. La nueva normativa, en vigor desde el mes de octubre, sin duda será el eje central de la educación vial en las aulas, que son uno de los espacios donde se transmiten conductas que favorecen la seguridad de todas las personas y en especial para peatones, ciclistas, conductores de VMP (como patinetes eléctricos), personas mayores y personas con discapacidad, entre otros.
De hecho, en esta ocasión, no sólo se hace realidad que la rutina nos da la oportunidad de replantear nuestros desplazamientos cotidianos: colegio, instituto, universidad, trabajo, actividades extraescolares, etc., sino que, por primera vez, los denominados “caminos escolares seguros” tienen su propio espacio en la nueva norma, así como la capacidad de implementar medidas para garantizar la seguridad vial en torno a centros escolares, de mayores, de personas con discapacidad o centros hospitalarios.
Conocer esta nueva realidad puede permitir a todos rediseñar rutas y automatizar conductas viales que ayuden a mejorar la experiencia, reducir los peligros de la movilidad cotidiana y disfrutar de los desplazamientos y de aquellos con los que los compartimos. Porque sí, el trayecto también forma parte de la convivencia. Además, cada desplazamiento es una oportunidad para aprender y enseñar seguridad vial. Es posible construir una rutina diferente, más segura, más saludable y más sostenible. La educación vial es la herramienta que puede convertir la normativa en hábitos.
Caminos escolares. Si cada mañana, miles de escolares recorren el camino entre la casa y el colegio acompañados por adultos, bien sean familiares o cuidadores, es evidente que en este trayecto cotidiano existe una oportunidad educativa que a menudo pasa desapercibida: convertir el desplazamiento en una experiencia para aprender a movernos de forma segura, saludable y sostenible.
Caminar o desplazarse en transporte público juntos -menores y adultos-, por ejemplo, permite enseñar, de forma práctica y significativa, comportamientos esenciales de educación vial: cruzar debidamente, respetar los semáforos, observar aun teniendo prioridad, identificar los riesgos del entorno o comprender la importancia de mantener la atención y evitar distracciones. Pero, además, el trayecto ofrece tiempo para hablar, disfrutar del camino y compartir experiencias.
Niños y mayores. Tanto las personas de más edad como las de menos forman parte de los colectivos considerados vulnerables de la vía, así como aquellas con movilidad reducida. Esto se reconoce explícitamente en el Real Decreto que acaba de entrar en vigor y por eso se define un espacio de mayor seguridad vial para ellos. En muchas ocasiones también son personas mayores quienes acompañan a los más pequeños en sus trayectos. Realizar juntos estos desplazamientos también puede favorecer que niños y niñas adquieran progresivamente autonomía. Para ello, los mayores deben ser conscientes de que acompañar no debería significar hacer todo por ellos, arrastrarlos, sino ayudarles a tomar decisiones seguras. De este modo, el recorrido diario puede convertirse en un espacio de aprendizaje que les prepare para desplazarse de manera independiente.
No sólo por ese papel de acompañantes, sino en ocasiones debido a sus circunstancias, las personas mayores también necesitan una educación vial adaptada a sus necesidades.
Y no se trata de poner el foco únicamente en las limitaciones, sino de reconocer sus capacidades perceptivas, cognitivas y físicas, así como sus experiencias en la movilidad cotidiana. Porque envejecer no significa dejar de aprender; significa tener otros intereses, otras necesidades y adquirir conocimientos de otra manera. Independientemente de la edad, todos necesitamos una educación vial que evolucione con nosotros.
Es esta una materia, de ida y vuelta, es un proceso intergeneracional donde padres, hijos, hermanos, abuelos, nietos y cuidadores enseñan y aprenden simultáneamente.Precisamente, esta característica de abarcar todas las edades es la que la Unión Europea ha utilizado este año como enfoque especial de la Semana Europea de la Movilidad, celebrada entre los días 16 y 22 de septiembre. El lema ha sido “Movilidad para todas las personas” porque se trata de garantizar que toda la ciudadanía pueda acceder a un transporte sostenible y eficiente.
En este aprendizaje común en el camino, el adulto puede enseñar al niño a cruzar con prudencia y a anticipar los riesgos de la calle. El niño, a su vez, puede mostrar cómo interpretar una nueva señal o diseñar rutas online con las que ahorrar tiempo. Uno aporta experiencia; el otro, nuevos canales y herramientas. Uno enseña a detectar los riesgos; el otro, nuevas formas de conocer el mundo. Ambos ganan seguridad. Las familias pueden transformar así un trayecto aparentemente rutinario en una experiencia compartida: aprender a convivir, cuidar de los demás y descubrir que cada paso hacia el destino también puede ser parte de un recuerdo imborrable.
• Para establecer una nueva ruta casa-colegio, puede preguntar en su centro educativo por los caminos escolares seguros.
• Evitar usar el móvil o los auriculares al caminar.
• Aprovechar los viajes en transporte público para contar y compartir cosas.
• Mirar a ambos lados de la calle exageradamente para cruzar.
• Guardar especial respeto a las señales viales, para ser un buen ejemplo.





