“Ya no admito ir con cualquiera sólo porque tenga coche”
- "Los patinetes me dan más miedo como peatón que como conductora".
19 diciembre 2025
María Barranco, que está de gira teatral con la comedia "Mejor no decirlo", no es partidaria de usar el vehículo privado para cualquier cosa, especialmente si se vive en una gran ciudad. Por eso, ella utiliza los autobuses cuando tiene que desplazarse desde el barrio madrileño donde reside. Sólo echa mano del coche cuando tiene que viajar a su Málaga natal, porque suele ir con su gata y con bastante equipaje. Reconoce que ahora hay más sensibilidad con la seguridad en la carretera y dice que ya no se sube a ningún coche sin estar segura de que el conductor no ha consumido alcohol o drogas.
¿Le gusta conducir?
Pues tengo una relación extraña con el coche. No le he cogido el gusto y eso que me saqué el carné a los 18 años. Mi primer viaje fue a Cádiz con una amiga cantando a Camarón. Pero lo de ir al volante y la velocidad no van conmigo. Eso sí, tengo coche y lo uso cuando no tengo más remedio. Sobre todo, cuando voy a mi tierra, porque me resulta más cómodo y tengo que llevar mil cosas, entre ellas a mi gata.
¿Cómo se mueve por Madrid?
En Madrid, por supuesto, no utilizo el coche, porque para qué. ¿Para comérmelo con patatas? Yo uso el transporte público. Vivo en una zona en la que tengo muy buena combinación de autobuses y los utilizo. El metro me agobia un poco. Me gusta más vivir en el centro que fuera de la ciudad.
Sin embargo, la carretera es un territorio familiar para usted
Sí. Vivo en la carretera, como dice la canción. Más en otra época, la verdad. Y te diré que he tenido algún susto. Hay que tener en cuenta que en mi profesión, en ocasiones, la gente está cansada, hay que responsabilizarse del equipo y de muchos aparatos y no se duerme todo lo necesario. Ahora ya no admito ir con cualquiera sólo porque tenga coche.
¿Cree que hay otra sensibilidad a la hora de ponerse al volante?
Sin duda. Hay más conciencia ahora con la seguridad. Afortunadamente, ha disminuido muchísimo el consumo de alcohol y drogas entre los conductores. Se ha producido el mismo fenómeno que en los restaurantes con el tabaco. Ahora el tabaco está fuera de los espacios de ocio y el alcohol, fuera de la carretera.
¿Cómo ve la convivencia del coche en la vía pública con patinetes y bicicletas?
Los patinetes me dan más miedo como peatón que como conductora. Pavor. Siempre pienso que me van a arrollar.
¿Cree que la seguridad vial debería ser una asignatura desde la escuela primaria?
Sí. Yo soy ya abuela y los niños tienen que saber pronto las normas básicas, especialmente a cruzar con seguridad los pasos de cebra y a respetar los semáforos. En ese sentido, mis nietos tienen unos padres muy responsables.
¿Ha tenido que pagar alguna multa de tráfico?
¿Quién no ha tenido una multa? En una ocasión, iba para Málaga y me paró la Policía porque los agentes habían detectado que de vez en cuando pisaba el freno. Y es que me estaba comiendo un plátano porque me sentía muy cansada. Cuando lo supieron, me invitaron a un café. Otra vez me pararon y me reconocieron, pero no me perdonaron la multa.

Ahora está de gira teatral con el montaje ‘Mejor no decirlo’. ¿El humor ayuda a decir cualquier cosa?
Mucho, pero si ves que no es el momento de decir algo, no hay que decirlo. En una cena, con los cuñados… No es necesario hacerse notar. Y en los matrimonios no es obligatorio contar todo. Si no dices algo, no pasa nada. Y luego hay mentiras que son piadosas.
Entonces, ¿cree que no hay que decir todo lo que pensamos?
Hay que ser sinceros, pero con cuidado. Depende de las circunstancias. Callar tampoco es bueno. Pero lo que es seguro es que ser sincero está sobrevalorado. Hay que aprender a decir las cosas de tal manera que no hieran al interlocutor. No hay que agredir, es mejor utilizar la complicidad, la ironía y la inteligencia.
¿Se ha metido en líos por decir lo que piensa?
Cuando era más joven, sí. La vida te enseña. A medida que vas madurando, sueles ser más precavida y sabes mejor las consecuencias de las cosas. Ahora, cuando voy a un estreno y no me gusta, siempre digo con gesto ambiguo: “No tengo palabras”. Y no miento.
¿Qué le queda de "chica Almodóvar"; después de tantos años?
Yo creo que ese calificativo permanecerá hasta que me muera. Más bien, será eterno. Ahora tengo más años, pero intento no perder la frescura y la ingenuidad de esa época.
"Mejor no decirlo"; viene de cosechar un gran éxito en Buenos Aires y en otras ciudades de Suramérica. Hábleme de ella.
Cuenta la historia de un matrimonio convencional, de los de antes, que se quieren muchísimo. Los dos son muy diferentes, pero muy curiosos. Él se cuestiona todo y es más cauto. Ella prefiere decir las cosas tal cual, es más espontánea. El texto de Salomé Lelouch es magnífico. Habla de la vida, que trae cosas buenas y cosas malas. La obra está dirigida por Claudio Tolcachir que es una persona como para llevártela a casa. A mí me ha tocado el gordo.
Esta es la primera vez que trabaja con Imanol Arias en el teatro. ¿Qué tal la experiencia?
Está siendo estupenda. Imanol hace las cosas muy fáciles. He tenido mucha suerte de cruzarme con él. Me siento como una niña con zapatos nuevos. Él es muy jovial y entusiasta. Es un buen marido en la ficción, el que yo quisiera para mí [risas]. Y un excelente actor. Un actor no puede ser bueno, lo sé, si no es buena persona. Esta obra me está aportando mucha felicidad. Además, Imanol es muy importante en mi vida, porque me echó muchos capotes cuando llegué a Madrid. Para mí, es como de mi familia.
¿Le gustaría que sus hijas o sus nietos siguieran sus pasos en la interpretación?
La verdad es que no. Es una vida muy sacrificada, pero ellos son los que tienen que elegir. Que hagan lo que quieran, yo siempre los voy a apoyar. Ser actor es difícil, porque depende de llamadas telefónicas que a veces no llegan.





