“A los 'hermanos pequeños' les pido concentración al volante”
- “Los españoles somos muy solidarios en la carretera (y en la vida)”.
14 octubre 2026
¿Cuál es su relación con el tráfico rodado?
Me encanta conducir. Hay gente a la que le estresa mucho estar al volante, pero es que yo fui monaguillo antes que fraile, porque fui conductor en mis épocas mozas. Me saqué todos los carnés que había en la mili y según salí del servicio militar, me puse a trabajar de camionero. Luego me compré mi furgoneta y me he tirado horas y horas al volante. La primera parte de mi vida laboral fue siempre con un coche: con una furgoneta, con una ambulancia, con un taxi... Por eso, a mí el tráfico no me estresa y me sigue gustando la carretera.
¿Cree que los automóviles tienen demasiado peso en las ciudades?
Posiblemente. Me gustaría que la gente utilizara más el transporte público, principalmente por los atascos y la contaminación.
¿Defiende el uso del coche eléctrico?
Sí, porque si hubiera más coches híbridos y eléctricos, la contaminación bajaría mucho.
¿Alguna mala experiencia en la carretera?
Gracias a Dios, no he tenido ningún accidente grave y han sido muchas horas al volante. Intento ser muy prudente, tener una conducción atenta y concentrada y, quizá por ello, me ha ido bien. Lo peor han sido las roturas del coche por temas de mecánica. Pero no he tenido ningún accidente.
¿Cree que somos solidarios al volante cuando alguien está en apuros?
Yo creo que sí. Cuando la gente ve que tienes un problema, se acerca, y no sólo en el tráfico, sino en la vida en general. El español es muy solidario. Basta recordar las últimas tragedias. Da igual si son mayores o niños. La gente abraza la solidaridad. Yo me siento muy orgulloso de mi país.
¿Prefiere conducir o se siente seguro como copiloto?
Prefiero conducir. Me gusta estar al mando. También en la vida. Tengo rol de líder (se ríe).
¿Y qué me dice de los patinetes y de las bicicletas?
Con las bicicletas, vale, pero no me gustan los patinetes. Creo que son un peligro tanto para los coches como para los que los manejan. Se debería formar a la gente porque yo sólo veo descerebrados usando patinete. Incluso los que van en bicicleta deberían tener más conocimiento de las normas del tráfico.
¿Qué consejos de seguridad daría a los ‘hermanos pequeños’ que se inician al volante?
Sobre todo, concentración. Cuando se conduce, se conduce. Y nada más. El móvil es uno de los mayores peligros cuando se va al volante.
¿Qué supone más riesgo, subirse a un coche o a un ring?
Subirse a un ring. Yo he hecho 70 peleas y 70 veces me he jugado la vida. Pero existe otro tipo de boxeo, que te permite jugar a pelear golpeando un saco. Y no hay mejor antidepresivo que el boxeo sin contacto, como el fitboxing.
Siente orgullo de Carabanchel. ¿De qué más cosas?
De mis orígenes no me olvido nunca. Soy carabanchelero de pro y, gracias a haberme criado en el Carabanchel de los 80, soy lo que soy. A mí me enseñaron a pelear desde el primer asalto.
En su último libro aparecen temas como la violencia de género, el acoso escolar... ¿Qué aporta con respecto a los dos anteriores?
Yo no escribo para vender libros, sino para ayudar. En el primero, El boxeo es vida, vive duro, quise transmitir cómo el deporte puede transformar vidas en positivo. Cola de lagartija es más autobiográfico. Y ahora, en Camino de vuelta, todo lo que cuento es verdad, pero pasado por mi filtro. Yo estuve al otro lado y volví porque quise volver. En mi caso, fue gracias al deporte y a las ganas de querer cambiar.
¿Cómo llegó el boxeo a su vida?
Siempre estuve enamorado de él. Mi abuelo me llevaba de niño a las veladas en El Pardo y mi padre trabajaba en el Palacio de los Deportes. Allí veía a esos tíos sin camiseta, golpeándose, y se fueron convirtiendo para mí en héroes. En esa época el boxeo tenía una posición tenebrosa en la sociedad, pero yo encontré en los deportes de contacto la oportunidad de ponerme los guantes y, cuando el boxeo reflotó, me abracé a él con todas mis fuerzas.
¿Qué es el ring para usted?
Mi vida. Todo lo que te pasa en el ring, te pasa en la vida. Me gusta decir que boxeas como eres y eres como boxeas.
¿Cuál es su gran lujo?
Mi satisfacción, éxito, felicidad... es directamente proporcional a la gente que ayudo. Por eso escribo. Yo nunca supe que estaba haciendo un manual para adolescentes o padres, pero cuando releí Camino de vuelta pensé que ojalá hubiera tenido yo este libro de adolescente y cuando tenía 20 años y fui padre por primera vez.
Su experiencia como ´hermano mayor´ es una excelente lección de vida. ¿Qué significa para usted?
Tanto a los 5.000 chavales que han pasado por mi gimnasio y fundación como a mis cuatro hijos les digo lo mismo: con una sonrisa y buena educación, se abren todas las puertas. Me gusta acompañar, ni estar delante ni estar detrás. Estar a su lado.
¿Qué satisfacciones le ha dado su profesión de boxeador?
Yo nunca boxeé por dinero sino por una necesitad vital, porque buscaba un faro en la niebla. Peleaba para saber por dónde tenía que ir. Era una forma de encontrar el camino. Es lo que me ha mantenido recto y eso es lo que yo aprendí del arte de las 16 cuerdas, que puede transformar vidas en positivo, sobre todo entre los jóvenes.
¿Alguna vez ha pensado en tirar la toalla? ¿Ha superado alguna crisis?
La frustración depende de las expectativas que uno se crea. Yo, desde que empecé con la educación social, sabía que la “jeroterapia” podría funcionar en uno de cada 10, pero ese porcentaje me sirve como motor para seguir. Nunca he pensado en tirar la toalla. He fracasado muchas veces y sigo fracasando. Esto que te voy a contar duele: está muy bien salir en la tele, en la radio... pero el que hace unos meses ha enterrado a un niño que entrenaba conmigo y murió en una reyerta he sido yo.
¿Cuáles son sus referentes?
No tengo, no creo en las personas, creo en los hechos.
¿Cuántos chicos como los de su novela han pasado por su vida?
Muchos. Cada uno con su historia. Te puedo citar a Míriam, una niña con 18 años, maltratada por su pareja. Y 20 años después es campeona del mundo y concejala de Deportes y Turismo de Torrejón de Ardoz. Ha habido un trabajo duro por parte de ella, porque quiso cambiar. Y tengo niños que el juzgado me mandó en libertad vigilada y ahora son empresarios. Podría escribir otro libro con sus historias.
¿Qué recuerdos conserva de su niñez en Carabanchel?
No tengo muchos, porque fue una época dura, un tiempo triste, yo tenía un trastorno, iba a una velocidad completamente distinta y me equivoqué muchas veces. No recuerdo mucho esa etapa para no hacerme daño, pero en este libro todo ha vuelto, lo bueno y lo malo. Este libro muestra las segundas oportunidades. Uno puede caerse, fracasar, perder, tener una derrota... Golpes nos vamos a llevar todos, pero nosotros no somos el golpe, somos lo que hacemos después de cada uno de ellos.
¿Qué consejo daría a los jóvenes que pasan por momentos difíciles?
En primer lugar, que pidan ayuda y confíen en ellos mismos. Y, después, decirles que no hay mejor antidepresivo que el deporte. Cuando se encuentren mal, deporte, deporte y deporte. Me vale también la naturaleza, caminar, moverse... Pero por encima de todo, que pidan ayuda y confíen.





