Claves para cuidar un coche eléctrico en invierno
- Las bajas temperaturas afectan al rendimiento y carga de la batería.
16 diciembre 2025
A diferencia de los coches de combustión, los eléctricos participan de un proceso más sensible al termómetro porque su sistema central (la batería) no genera calor de forma inherente, por lo que los efectos de las bajas temperaturas se hacen mucho más evidentes.
Cuando el termómetro baja, tanto la capacidad como el rendimiento de una batería de vehículo eléctrico se ven muy afectados. Y es que las reacciones químicas que permiten liberar energía y aceptar carga se ralentizan, por lo que el coche puede sufrir una disminución de autonomía y alargar los tiempos de carga. Por ello, es fundamental adoptar ciertos hábitos.
¿Qué hacer
Para empezar, hay que evitar que la batería se descargue completamente o, en la medida de lo posible, mantenerla al 100 % durante largos periodos cuando el coche no está en uso. Algunos expertos aconsejan situar el estado de carga en torno al 80 % como máximo al cargar y mantenerla así el mayor tiempo posible en el día a día y en un uso habitual, salvo que se vaya a realizar un desplazamiento largo.
También hay que procurar dejar el vehículo aparcado en un lugar lo más cálido o protegido del viento posible (lo ideal es en un garaje). Es muy recomendable tener un enchufe en propiedad, por lo que si se cuenta con uno, debería también estar protegido de las inclemencias climatológicas. Si no es posible aparcarlo en garaje, buscar al menos un espacio resguardado o incluso bajo una farola, ya que una temperatura ambiente algo mayor puede marcar una diferencia muy apreciable.
Si el coche dispone de función de precalentamiento de la batería, lo más aconsejable es utilizarla. Poner en marcha la climatización mientras que el vehículo está conectado al punto de carga también permite calentar el habitáculo sin gastar la batería. Este gesto no sólo mejora el confort, sino que evita que se pierda parte de la autonomía eléctrica por tener que calentar el interior estando ya en marcha. Evidentemente, debemos hacer esto si se va a conducir el vehículo poco después de que se haya recargado. Si va a ser al día siguiente o un tiempo después, no merece la pena. Estos cuidados previos permiten que, cuando hayamos arrancado y estemos circulando, la batería trabaje en unas condiciones menos adversas y se reduzca el impacto que el frío puede tener en la autonomía real.

Atención a la climatización
Pero más allá de la batería, hay otros elementos del coche que requieren atención especial cuando las temperaturas bajan. Por ejemplo, debemos usar de forma eficiente la calefacción. Y es que por el diseño de muchos vehículos eléctricos modernos se recomienda priorizar asientos o volante calefactables en lugar de incrementar la temperatura del habitáculo, ya que esto último consume mucha más energía.
Asimismo, y dado que en invierno la autonomía del eléctrico puede reducirse de forma significativa, es recomendable planificar rutas con antelación e identificar estaciones de carga en el recorrido que vayamos a efectuar. Dos consejos: intentar dejar margen suficiente en la batería (por ejemplo un 20 % como reserva) y comenzar el viaje con un nivel de carga elevado cuando vayamos a hacer un desplazamiento largo.
Las bajas temperaturas afectan también a la presión de los neumáticos y una rueda poco inflada genera más resistencia al rodaje y, por tanto, más consumo. Verificar la presión según las especificaciones del fabricante y considerar el montaje de neumáticos de invierno si se circula por zonas con hielo o nieve va a hacer que la autonomía no se reduzca en exceso.
Menor autonomía
Según algunos estudios, la pérdida de autonomía de los eléctricos en climas fríos puede oscilar entre el 20 y el 30 % respecto a condiciones climatológicas más templadas. Esto se debe, por un lado y como se ha visto, al menor rendimiento de la batería y, por otro, al mayor consumo por calefacción del habitáculo y de la gestión del sistema. Además, el proceso de carga rápida puede ralentizarse si la batería está demasiado fría. En estas situaciones, muchas veces el vehículo activa un calentamiento previo para aceptar la carga a máxima potencia y si no lo hace por sí mismo, algunos modelos permiten activarlo de forma manual a través del propio vehículo o de alguna aplicación asociada al mismo y a la gestión de su batería.
Por tanto, un usuario de coche eléctrico debe adaptar sus expectativas y hábitos: por ejemplo, armarse de más paciencia en el cargador, alternar cargas rápidas y lentas cuando sea posible y ajustar con antelación la planificación de los desplazamientos.

Tal y como se ha señalado, la caída de autonomía que experimentan los vehículos eléctricos en invierno se explica por una combinación de factores que interactúan. En primer lugar, la propia batería rinde menos cuando baja la temperatura ambiente, lo que puede traducirse en una pérdida de entre un 20-30 % de su alcance habitual en escenarios fríos.
Además, gran parte de la energía se desvía hacia elementos auxiliares como el sistema de calefacción, el desescarche del parabrisas o la climatización del habitáculo, que en vehículos de combustión ya funciona sin esfuerzo extra gracias al calor residual del motor. Pero, en un eléctrico esa energía propia no existe, por lo que es la batería quien debe aportar la diferencia.
Para contrarrestarlo, se recomiendan varios hábitos: mantener la batería cargada con más frecuencia, evitar dejar la carga por debajo de un nivel crítico (no bajar del 20 %); usar la calefacción localizada en lugar de elevar mucho la temperatura del interior, y elegir trayectos con menor necesidad de energía extra siempre que sea posible (por ejemplo, con menos desniveles, etc.). También hay que optar por aparcar siempre que sea posible en un lugar más cálido o cubierto. En conjunto, estas buenas prácticas permiten atenuar el impacto del frío en la autonomía y disfrutar de un uso seguro y eficaz del coche eléctrico en invierno.

Uno de los aspectos más reveladores a la hora de cuidar un coche eléctrico en invierno es el precalentamiento de la batería y del habitáculo mientras que el vehículo permanece enchufado. Este simple gesto puede traducirse en una mejora significativa del rendimiento, ya que permite que la energía para calentar provenga de la red eléctrica en lugar de la propia batería. Según diversos estudios, cuando la batería está fría sus iones tienen menor movilidad, lo que reduce el suministro de potencia y la capacidad de carga.
Por ello, arrancar la climatización antes de desconectar el cargador es una práctica eficiente: se obtiene un habitáculo confortable y se protege la salud de la batería al evitar que esta asuma un esfuerzo extra. Además, si el coche cuenta con modo ‘departure time’ o temporizador de salida, se puede programar que el precalentamiento se active automáticamente antes de iniciar el trayecto, lo cual optimiza tanto el consumo como la autonomía. En definitiva, el precalentamiento no es sólo una cuestión de confort: es una estrategia inteligente para reducir pérdidas de autonomía, mejorar la experiencia de conducción en invierno y prolongar la vida útil de la batería.





