¿Cómo funciona en Europa?
- No todos los países que disponen de este sistema siguen el mismo esquema de funcionamiento.
24 junio 2026
Hace varias décadas, Europa asumió como uno de sus objetivos prioritarios reducir el número de accidentes y de fallecidos en sus carreteras. Para ello, empezó a implementar cambios relevantes en materia de seguridad vial de forma coordinada en todo el continente. Dando un giro a su política, se pasó de un sistema meramente sancionador de las malas conductas al volante a uno más integral en el que se incluía también la prevención y la formación.
En este nuevo enfoque se han tenido en cuenta, además, diferentes aspectos, como la mejora de las infraestructuras, la modificación de las normativas referentes al tráfico, los avances tecnológicos y el aumento de controles y campañas de tráfico. Todo esto ha logrado que los esfuerzos se plasmen en cifras: se ha pasado de 54.000 fallecidos anuales en siniestros de tráfico a principios de los años 2000 a 19.400 en 2025. La reducción de un 60 % de las víctimas mortales en carretera ha situado a Europa como un referente mundial en la lucha contra la siniestralidad vial y numerosos países de todo el mundo miran al viejo continente en busca de soluciones similares para aplicar en sus respectivos territorios.
El permiso por puntos ha jugado un papel clave en la disminución de estas cifras y se ha mostrado como una de las medidas más eficaces para mejorar la seguridad en las carreteras. Francia adoptó este sistema en 1992 y las muertes por siniestros de tráfico descendieron considerablemente, pasando de las 8.000 registradas en 1990 a 4.000 en 2006. En Italia, en sólo cinco años, las muertes se redujeron de 7.000 en 2001 a poco más de 5.000 en 2006.
Los inicios. El carné por puntos empezó a utilizarse por primera vez en Alemania en 1974 y, vistos los buenos resultados, fue implementándose poco a poco en otros países europeos. A partir de ese momento, comenzaron a percibirse cambios significativos y, hoy en día, más de una veintena de países europeos lo han incorporado en sus reglamentos.

El funcionamiento no siempre es el mismo y hay diferencias dependiendo del país y de sus particularidades normativas y culturales, como explica Antonio Avenoso, director ejecutivo del Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte (ETSC): “El número de puntos asignados por una infracción concreta no es directamente comparable entre países, ya que cada uno aplica una escala y un umbral diferentes. Nos gustaría que se produjera una armonización en toda Europa, de modo que los puntos de penalización asignados en un país también se aplicaran en los demás”.
Sin embargo, detrás de todos los sistemas de puntos subyace la misma idea: ante un número determinado de infracciones acorde con su gravedad, el conductor llega a un límite de puntos, se le retira la vigencia del permiso de circulación y tiene que esperar un tiempo o realizar un curso para recuperarlo. Por eso, además de la multa, en este sistema se incluye la educación vial, la formación y la sensibilización en los mecanismos de obtención de puntos. Por otra parte, el sistema está en evolución continua para adaptarse a las necesidades del momento. Así, hoy en día, se presta especial atención a las sanciones vinculadas a las distracciones, sobre todo por el uso del teléfono móvil.
Diferencias. En muchos de los países europeos el sistema es muy parecido al nuestro, es decir, se empieza con un número determinado de puntos que se van perdiendo en función de la gravedad de la infracción. En otros, como en Alemania, es al revés. El conductor va sumando puntos hasta llegar al máximo permitido, que son ocho, y es entonces cuando se le retira automáticamente el permiso de conducción [ver mapa]. Sistemas diferentes, pero resultados similares. A lo largo de los años, el permiso por puntos ha demostrado su eficacia al integrar en sí mismo un conjunto de estrategias orientadas al cumplimiento de las reglas, la formación y la sensibilización de los conductores, así como una equiparación más real entre ellos al estar basado en puntos. Un sistema que funciona, independientemente del país del que se trate, como lo demuestran las cifras y su progresiva implantación en todo el continente y fuera de él.

En el caso de Dinamarca y Países Bajos es donde encontramos las diferencias más marcadas. Siguen utilizando los puntos, pero estos ni suman ni restan de un total, sino que funcionan por acumulación.
Por ejemplo, en Dinamarca cuentan con el popularmente conocido como klippekort (bono o tarjeta). Se empieza con cero puntos y, si se comete una infracción grave, el conductor recibe un punto, que tendrá una vigencia de tres años. Si se acumulan tres puntos en tres años (dos puntos para los conductores noveles), se retirará el permiso de conducir y el conductor deberá volver a examinarse tanto de una prueba teórica como de una práctica.
En Países Bajos cuentan con dos modelos: uno enfocado a los conductores noveles, llamado permiso provisional, y otro general, por puntos de penalización, que aplica a todos los conductores (incluidos los noveles). El que tiene como objetivo a los nuevos conductores es más estricto, y durante los primeros cinco años de carné reciben puntos con mayor facilidad. En el general, si un conductor que tiene ya un punto de penalización en su expediente comete otra falta grave en el plazo de cinco años, le será suspendido temporalmente el permiso de conducir. En casos muy graves, las autoridades podrían retirarle el carné de conducir y tendría que volver a examinarse. Además, el nuevo permiso contaría desde el inicio con un punto de penalización. En Países Bajos, el sistema es especialmente estricto con la conducción bajo los efectos del alcohol y las drogas.





