Párkinson, temblores al volante
- España es el noveno país del mundo con mayor número de personas con esta enfermedad.
30 junio 2026
La enfermedad de Parkinson es una patología neurodegenerativa del sistema nervioso central. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), unos 12 millones de personas la padecen en el mundo y, desafortunadamente, la previsión es que esa cifra aumente. Es la enfermedad neurológica en la que más rápido está aumentando la prevalencia a nivel mundial, por lo que se estima que el número de pacientes llegará a los 25 millones en 2050.
En cabeza. España no se escapa a esa predicción. La Sociedad Española de Neurología (SEN) calcula que somos el noveno país del mundo con mayor número de personas con enfermedad de Parkinson y que para 2050 nos convertiremos en el que tenga la mayor prevalencia de este trastorno por habitante. En la actualidad, hay más de 200.000 pacientes y cada año se diagnostican 10.000 casos nuevos. La edad media de estos pacientes es alrededor de los 60 años, pero no es una dolencia exclusiva de personas mayores: un 15 % de los casos se detecta antes de cumplir los 45 años.
Dificultad motora. La enfermedad de Parkinson se caracteriza por la degeneración progresiva de las neuronas dopaminérgicas que son las encargadas de producir dopamina, un neurotransmisor necesario para enviar las señales eléctricas entre las células nerviosas.
La disminución de dopamina en los circuitos cerebrales afecta al control del movimiento del cuerpo, por eso los síntomas motores (temblores, movimientos involuntarios...) son los que más asociamos a esta dolencia. La rigidez, la lentitud extrema de los movimientos voluntarios y/o la inestabilidad postural pertenecen también a ese listado de síntomas motores.
Pero además de estas manifestaciones más “físicas”, el párkinson puede ir acompañado de otras (insomnio, depresión, ansiedad o deterioro cognitivo) que incluso preceden a los problemas motores. De hecho, en un 30 % de los casos, la depresión es una de las primeras manifestaciones clínicas de la enfermedad.

Las dificultades para la conducción que presenta una persona con este diagnóstico derivan de esta sintomatología. Según aparece en la 'Guía de consejo sanitario vial laboral 2024', los impedimentos que se pueden encontrar a la hora de conducir estos pacientes pasan por la dificultad para iniciar el movimiento y el alargamiento del tiempo de reacción además de una respuesta psicomotora enlentecida, imprecisa, con alteraciones de la coordinación (mal control de los pedales, dificultad en el control de las manos) y fatiga excesiva. Por ello esta guía recomienda el abandono progresivo de la conducción a medida que evoluciona la enfermedad. Una perspectiva, la de dejar de conducir, que preocupa a los pacientes.
Valorar y revisar. “Lo de conducir o no es una cuestión que tratamos en consulta habitualmente. Obviamente se desaconseja cuando hay un claro deterioro; pero se permite a las personas que se encuentran en el extremo contrario, aquellas que están en las fases iniciales de diagnóstico. La dificultad se encuentra en determinar qué hacer en los casos intermedios, cuando alguien empieza a tener algún tipo de problema de movilidad o de manifestación cognitiva. Esas situaciones hay que valorarlas con cuidado”, explica el doctor Álvaro Sánchez Ferro, coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la SEN.
Para ofrecer una solución, saber reconocer los síntomas de alerta y la confianza con el médico resultan fundamentales. “Intentamos transmitir a los pacientes que si aprecian cualquier dificultad al realizar una tarea cotidiana, lo comuniquen en consulta para poder hacer una valoración conjunta. En el caso de la conducción se puede requerir una revalorización psicotécnica e incluso plantear una adaptación del vehículo. Por ejemplo, si sólo se sufren problemas con el cambio de marchas, se puede optar por un vehículo automático. Intentamos mantener la autonomía, pero con responsabilidad y cautela”, concreta el experto de la SEN.
Además de a las dificultades físicas, el conductor con enfermedad de Parkinson debe prestar atención a la sintomatología que afecta a su mente, estado de ánimo y capacidades mentales. Es muy habitual, por ejemplo, que esta patología disminuya la capacidad de atención, entre otros factores que pueden afectar a la conducción, o que vaya acompañada de insomnio, un síntoma que puede derivar en somnolencia diurna, lo que reduce la concentración al volante.
“También hay pacientes a los que la enfermedad altera la capacidad visoespacial, que es la que permite analizar, interpretar y manipular mentalmente objetos y espacios. Esto influye en cómo gestionan el entorno. Se puede sospechar que se sufre una alteración de este tipo cuando aparecen dificultades para, por ejemplo, mantener las distancias de seguridad en carretera o aparcar”, expone Álvaro Sánchez.
Efectos adversos. Capítulo aparte merecen los efectos secundarios que pueden provocar los tratamientos destinados a controlar los síntomas de esta patología. La mayoría de los fármacos están dirigidos a restaurar o modular la función dopaminérgica. De todos ellos los que más influyen en la conducción son los agonistas dopaminérgicos. “A un grupo reducido de pacientes (menos del 10 %) estos fármacos (el pramipexol, la rotigotina y el ropinirol) les provocan episodios súbitos de sueño. Por eso recomendamos comenzar a usarlos en fin de semana y que el paciente no conduzca hasta comprobar cómo los tolera”, asegura el experto.
La medicación oral también puede tener otros efectos indeseados, como las fluctuaciones (oscilaciones motoras que aparecen y desaparecen varias veces al día de forma brusca) y las discinesias, que son movimientos involuntarios en las manos, el tronco y las extremidades que empeoran con el estrés. Por eso una recomendación general para estos conductores es que eviten situaciones estresantes, circulando por trayectos conocidos y eludiendo las horas punta.
Cuándo dejarlo. La normativa de tráfico no hace referencia expresa a la enfermedad de Párkinson, sólo incide en que para conducir no deben existir enfermedades que produzcan pérdida o disminución importante de las funciones motoras sensoriales o de coordinación. Por ello la recomendación es, desde el estadio inicial de la enfermedad, establecer un diáIogo sincero con el médico para decidir las pautas de conducción de menor riesgo adaptadas a cada paciente. “A pesar de las limitaciones que hemos mencionado, hay que recordar que muchas personas con párkinson son aptas para conducir y mientras esa conducción siga siendo segura es deseable que la mantengan porque les ayuda a hacer una vida normal”, concluye el experto.
• Se aprecian limitaciones motoras, ya sea en el uso del cambio de marchas, el manejo de pedales o en el del volante.
• Se sufren despistes. El párkinson puede afectar a la capacidad de atención, lo que a la hora de conducir se puede traducir en saltarse la salida que buscábamos (cosa que antes no nos sucedía) o sorprendernos cuando, de repente, aparece un vehículo que no habíamos visto.
• Se calculan mal las distancias, algo que se aprecia si vamos muy cerca o muy lejos del resto de vehículos o nos cuesta aparcar.
• Si mientras se conduce se notan síntomas súbitos como somnoIencia, tembIores, movimientos anormaIes, dificuItad de movimientos... En ese caso hay que parar en un lugar seguro y pedir ayuda.





